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  • mariacortesyg

Agosto en Valle de Arán

La verdad es que hace tiempo que no me vuelco de nuevo en el blog.

Cuando escucho a mujeres sobre todo expresar cuan terapeutico se convierte la costumbre de escribir, me vuelve la inspiración.


Pero en este caso voy a utilizar esta entrada como un diario, lo hice el año pasado con el Pirineo Aragonés que tanto me enamoró.

No quiero que pase más tiempo para poder sellar en el tiempo este ultimo viaje por los montes españoles tan preciosos. Sellar para tratar de no olvidar ningún detalle, y que si me vuelbe alguno poder incluiro solo con editar la entrada.

Sin borrones, sin flechas, tan facil como usar un limpio editor que de forma tan sencilla me permite tatuar de nuevo en la mente un viaje que jamás olvidaré.


En realidad, existen dos viajes difierentes dentro de este mismo viaje, o un aspecto destacado del viaje que empezó mucho antes del viaje en sí. Pero hay cosas que prefiero que se queden en el corazón, y que el tiempo las transforme.





Salimos un miercoles de Agosto para un viaje planeado casi el 100% a campo, montaña, paisaje y mucha distancia de un Benidorm abarrotado y alborotado.

Lo más duro de estos viajes es el coche, en particular mi chico y yo lo llevamos muy mal, Demasiado tiempo sentados y encerrados, pero el que algo quiere, algo le cuesta. De golpe 7 horas de viaje. Un viaje con un paisaje muy que se iba transformando en verde y grande conforme avanzábamos hacia el norte.

Con idea de para a comer en algún sitio bonito y poder estirar las piernas despues de millones de segundos sentados, que aborrecemos tanto. Vimos que Miravet iba a ser un lugar fantástico, pero al llegar por la zona unas banderas enormes muy identificativas, además de Graffitis y comentarios escritos nos hicieron sentir incómodos... decidimos seguir hacia delante, perdiendonos la posible hermosura de esos pueblos de los que nos sintimos tan hechados.


Al final comimos en Lleida, en un parque con arboles de ribera gigantes y después paseamos por el casco antiguo de la cuidad; de una cuidad pequeñita, cuidada y agradable. Con menos banderas y muchas más sonrisas.


Anocheciendo y, después de haber atravesado cañones, lagos y cuestas y la gracia de un lago que en unas partes estas en Cataluña y en otras en Aragón de los que quedamos enamorados y asombrados, ya llegamos al Hotel: Ostau dera Nheu, un hotel muy sencillo, muy bien de precio y bien localizado.

Salimos a tomarnos una cervecita a un puelo vecino Bossost, donde disfrutamos de las vistas de una pequeña Iglesia Románica, y de una vida en la que los niños pueden estar jugando en la calle, y que no te come el gentío. Fantaseamos de hacernos norteños, comimos unas empanadillas(la mía vegana) y fuimos a descansar al Hotel que buena falta nos hacía.





El primer día nos atrevimos con la ruta de los 7 pueblos: https://www.visitvaldaran.com/item/la-ruta-los-7-pueblos/

Una ruta agradable de unas 4 horas, muy dinámia porque atravesabamos los antiguos cainos que comunicaban los pueblos en la montaña. Pueblos,unos más evolucionados y más aprovehados, otros más tranquilos y menos habitados.




El paisaje era absolutamente abrumador, con posibilidad de ver y distiguien los picos mñas altos de la Peninsula.

Disfrutamos de los pasos, de la brisa, del silencio, de la posibilidad de ser dos otra vez...


Pero nos devorams la ruta en poco más de tres horas, y teniendo en cuenta la proximidad al hotel y el madrugón para empezar cuanto antes..nos sorprendimos a punto de subir a a Artiga de Lin y relaizar otra ruta!



Pero nos lo repensamos, nos comimos un bocata que habiamos pedido en el hotel, y nos bajamos un poco a la civilización.

Bajamos a Vielha, la cuidad más grande de la zona, la visitamos y nos tomamos unas cervecitas a la salud del fresquito tan agradable que hacía.

Replanteamos un poco el "schedule" del viaje mientras que el fresquito se convirtió en frio y nos obligó a ir de nuevo al hotel, pronto y cansadísimos.




El segundo día nos despertamos pronto de nuevo, del desayuno imporvisamos mini-sandwiches y nos fuimos directos a la segunda ruta. La Restanca y el Enstanh de Mar(que al final no hicimos).

El camino hacia el inicio de la Ruta nace de Arties, una de la Villas Floridas de la comarca, en la que luego brindaríamos y pasearíamos.

En la Restanca ya estábamos en alta-alta montaña. Nos costó un poco averiguar el inicio de la ruta. Pero siempre es tan facil como el seguir un poco al resto de los montañeros, asegurarte con los que suben, aliviarte con los que van bajando.

La ruta fué completamente diferente a la de los pueblos, totalmete a desnivel subimos y subimos a través de los bosques frondosos pirenaicos, donde el aga brota y el musgo inunda el suelo.

Como diría en la película del quinto elemento Verde Verde Verde! 2 horas cuesta arriba que merecieron cada uno de los pasos.




En la Restanca, que es un gran embalse con un refugio precioso y el origen de otras muchas rutas. Lugar de encuentro de diferentes nacionalidades, animales, sol, vida, peces y pajaros. Ya arriba superábamos los 2000 metros.

Nos morimos de amor por el paisaje, y nos morimos de amor de poder compartir esas cosas el uno con el otro, el resto ya es del corazón.






La vuelta fue un cuesta abajo agradable, no como en los desniveles mediterraneos que conocemos que a la mínima te despeñas; aquí las raices y las ramas hacían una labor de de ayuda y de sostén indispensable.

Comimos y celebramos la vida en Arites, rodeados de peonias y distintas flores, bajo el calor suave del sol en las montañas y la satisfacción de el haber completado la ruta.

Por la tarde nos animamamos fuismo a visiar las Villas Floridas y nos acoplamos a una fiesta rockera que hacían en Salardú, escuchamos musica country y comimos patatas fritas.





Al día siguiente también nos esperaba un día de tuta, pero los dos días anteriores pesaba así que nos adaptamos a la nueva situación, ruta: si, desniveles: no.

Y fue un acierto, disfrutamos de un paisaje precioso, un clima espectacular y aprendimos lo que el cambio climático les está costando a los habitantes del Valle de Aran.

En el espacio natural de la Artiga de Lin, super ecomendable e imprescindibles, simplemente rondamos alrededor del refugio y disfrtamos de un sendero repleto de familias, caballos y montañas.






Simplemente maravilloso,


Para acabar la tarde en Vielha, paseándola, observándola, integrándola...



Un abrazo,


María

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María Cortés Carrillo

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