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  • mariacortesyg

De Vuelta

Ya volvimos el viernes pasado. Las cosas buenas tienen eso, que acaban. Mi chico estaba triste al volver, y es normal porque éramos libres y estábamos con gente a la que amamos, porque nos hemos conocido más y hemos conocido cosas nuevas.

Voy a hacer una pequeña descripción del viaje, porque me apetece y porque me encanta revivirlo; porque no quiero olvidar y quiero mejorar al próximo.


Salimos para Huesca el Lunes 20 de Agosto pero pasamos el Domingo en unas pozas y un embalse maravillosos que hay en Valencia.


El viaje era largo (a mí el coche me desespera) pero estuvimos leyendo la historia de las aldeas por las que pasábamos y escuchamos historias cantadas de Mester de Juglaría.

Paramos a comer en Roda de Isábena, un pueblo completamente medieval (su historia remonta al siglo X),

Callejeando nos encontramos con un pequeño museo en el que su dueño conservaba muchas herramientas con las que trabajaban la tierra no hace tanto tiempo. Hablamos con el un buen rato y nos explicó muchas cosas, la gente joven del pueblo(3 personas) jugaban a las cartas en el porche.

Siempre es bueno prestar atención y aprovechar la experiencia de las personas que han vivido más.





Continuamos con el viaje para llegar a nuestro campo base en Nerín. Estuvimos alojados en un hotel magnífico con gente muy agradable y facilitadora. Descansamos ya que al día siguiente el cañón de Añisclo nos esperaba.


Planeamos hacer la ruta hasta La Ripaeta, todo el rato cerca del río Bellós.

Al principio de la ruta vimos la ermita de San Urbez, donde se llevaban ofrendas para pedir por la lluvia.

Una vez dentro de la ruta nos extrañábamos al no ver ningún hada o duende pues el bosque era espeso y precioso, de historias de Merlín.

La ida es fundamentalmente una ruta de subida, a veces un poco más pronunciada, pero perfectamente hacible. Llegamos a La Ripaeta y allí comimos con gusto cerca del río, metimos los pies y casi se nos congelan los huesos!

El camino de vuelta era sencillo, a mi se me rompieron las dos botas de monte y era un poco resbaladizo, menos mal que la ayuda de mi chico y la paciencia de la family lo hicieron un poco más llevable. Yo estaba un poco frustrada de no poder disfrutar tanto la bajada como había disfrutado la subida. Pero lección aprendida, revisar las botas!

Acabamos a salvo la ruta y nos fuimos a descansar y reponer fuerzas para los días que nos quedaban. Nos empezamos a aficionar a las cartas durante la tarde-noche con un buen vino y así pasábamos las veladas.


El Miércoles lo tomamos más de cultural, visitamos diferentes pueblos: Tella y sus historias de brujas; y Aínsa y su monumental centro histórico. Comimos bajo el vuelo de los Quebrantahuesos y disfrutamos de nuestra propia compañía.

Imaginamos y soñamos, en otro mundo, en otro tiempo. Aprendiendo.




No pudo haber un mejor final del viaje:

Las cascadas del Cinca y los LLanos de Lalarri.


Un paisaje y una ruta bien diferente al anterior. Nos despertamos temprano y motivados, era una ruta más corta y decidimos no pedir bocata para el camino aunque llevábamos provisiones.


Después de 40 km de coche llegamos al aparcamiento, en el que había un bar perfecto para el regreso. De ahí directos hacia arriba y más arriba, en este caso la ruta era circular. A cada paso había un diferente paisaje, desde un profundo bosque al comenzar a cerros desnudos con piedras tan blancas que se confundían con nieve.

En estos claros desnudos las flores crecían y los colores hacían nuestra alfombra. Las cascadas del Cinca impresionantes nos recordaban el objetivo. Llendo hacia los Llanos, el camino se volvía a poner en pendiente y hubo partes de la ruta en que las se habían instalado ayudas en la montaña para agarrarse y no caerse. Recuerdo que corríamos y saltábamos, nos daba igual volver sobre nuestros pasos y seguir corriendo. Disfrutamos.

Los Llanos estaban llenos de familia preparando picnics y haciéndose fotos.

Las vacas y los terneros pastaban tranquilos, no les molestábamos. Había también un grupo de caballos mansos, parecía que estuvieran protegiéndose. Tierra de rapaces enormes, lobos...



Acabamos la ruta asustados de la gran tormenta que nuestro amigo Roberto nos había señalado pero al final no nos mojamos, eso sí, estábamos muertos de hambre y no había sitios con la cocina abierta. Conseguimos comer en un hotelito de camino a Aínsa, nos salvó el humor.

Despedimos la última noche con doble de vino y cartas.


Un viaje intenso y maravilloso.

Si queréis saber más o alguna recomendación no dudéis en escribirme.


Un abrazo.

María.

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María Cortés Carrillo

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